La Luz del camino

 

Libro publicado en lima en 2010 en la editorial Hipocampo. Ha sido traducido al francés en la Maison International de Poèsie de Saint  Malo.

 

 

La luz del camino

 

Tengo este sueño para seguir andando.

 

No siento dolor, no quiero sentirlo,

ni el sol ni la nieve, en el nublado horizonte.

 Unos fortalecen sus brazos, no su corazón,

otros enriquecen sus manos, no su corazón.

 

Tengo esta Luz para seguir andando.

 

 No siento ni sed ni hambre en el camino,

ni el viento ni la lluvia golpean mi cansado cuerpo.

Entre olivos y peñascos me siento.

 Miro el universo, el cielo y las nubes.

 

Tengo este sueño para seguir andando.

 

En silencio voy por el sendero ya andado,

y busco mi nombre en el vasto laberinto.

Miro las piedras y las ramas, miro de dónde sopla el viento.

 

Tengo esta Luz para seguir andando.

 

 Me acerco al centro de la noche,

entre luces sigo la huella de la Luz.

Unos nutren su cuerpo, no su corazón,

otros adornan su cuerpo, no su corazón.

 

Tengo este sueño para seguir soñando.

 

Un río, una montaña, un árbol,

para reposar junto a ellos mi viaje.

 Marchitados quedan los caminos mal andados,

tristes las huellas mal dejadas.

 

Tengo esta Luz para alumbrar mi casa,

 la tuya, la nuestra, la casa que llevamos dentro.

 Desde una piedra abracemos el sueño que tenemos,

desde otra, dejemos que la Luz abrace nuestro cuerpo.

 

París, 28-07-2009

Ecos de la memoria

 

Primer libro de poesía publicado en Lima en 1988.

 

 

 

POEMA DEL DETENIMIENTO

 

 

 

 

Y si sabemos muy bien que no sabemos nada!

¿cómo desafiarte sabiduría eterna?

 

Y si el hombre será por siempre verdugo del hombre!

¿cómo exigirle al niño ser Grande entre nosotros?

 

Y si jamás en el tiempo nos viene la suerte!

¿Qué hacer entre tanto en la víspera del sueño?

 

Y si de las piedras no sale la esperanza!

¿cómo detener y entender mejor esta vida?

 

Y si mañana ya no somos los mismos!

¿Qué remedio darle al que nos espera?

 

Y si después de haber llorado tanto, no detienen las lágrimas su curso!

¿Qué papel desempeñar y ser que sea uno mismo?

 

Y si de tanta vanidad se nos muere la vanidad!

¿cómo y con qué alma detener nuestra desgracia?

 

Y si del todo caemos sobre el polvo negro!

¿Qué mentira inventar para que nos crean?

 

Y si el Perú va siempre de mal en peor!

¿habrá valor para decirle su verdad?

 

Y si después de la carrera y más allá ya nadie se conoce!

 

¿cómo explicar todo esto?

Poema a una extranjera

 

Publicado en París, es una edición bilingüe

 

 

Extranjera I

 

Una noche

y después una noche más

todo para encontrar tus ojos

y tu llanto embalsamado de existencia.

 

Esa tu mirada transparente

aquella que los vientos soplan

esa se quedará conmigo.

 

Tú que me brindas

un océano en tus ojos

dispersarás también

tus sueños en mi canto.

 

Cómo no sentir el sol

por la ventana de tu alma

esa que me trae un río

de esperanza en tu mirada.

 

 

Voz más allá de las fronteras

 

Libro publicado en París en edición bilingüe.

 

a

 

Odio y Amor no nos abandonan

Nostalgia, palabra y beso

Lluvia, tierra y canto

Sombras que se acercan al parque

Papeles, agua, ruido que se pierde

Rostro, cara que nos devuelve el viento

La noche, el vuelo, un adiós olvidado

Hora que pasa y vuelve

Y tocan a la puerta y miran mis manos y mi sangre

Frontera, Enigma que me miras

Abrigo de todo aquello que ignoramos

Tú que me esperas con un ojo y con una linterna

Yo me alejo de tu vientre, mas otra tierra en invierno me recoge

El olor a lluvia queda

El hambre y la caída

El café no bebido

El dinero no cuenta, cuenta el rostro, la piel que nos envuelve

Caballos en los sueños

Cascos de caballos en los sueños

Estoy sentado en alguna parte que nadie ignora

Y una sombra salida de un caballo

me muestra la calle, no un parque

Mudo Cervantes

Mudo también don Quijote y su escudero

Mudos los muros de Madrid

Yo me alejo

Papeles, ruidos que empuja el viento

Más allá una puerta

y detrás de la puerta una mujer desnuda

La Plaza de los Toros y un teléfono que no suena

Son las nueve y las calles desiertas

Hojas de aquel otoño inolvidable

Ramas que cuelgan de la nada

Lágrimas que brotan de la tierra

Hospitalidad, semilla que no germina

Flores marchitas que no esperan a nadie

Viento que transpira

Todo no queda en ti, viejo Enigma que me sigues

Ni en tu sombra, ni en tu ruido nocturno

Es 1991, es noviembre o diciembre, quién diría 500 años ya

y yo y mi sombra detrás de la frontera

Y todo es nada en la memoria

Voces, miradas secas, indiferencia y desprecio

Tanto haber nacido

Tanto haber soñado

y no comprender nada

de aquel hermano extranjero que me mira

Otras escaleras, otros puentes nos esperan

Lluvia después de mi caída

 

Libro publicado en Lima, por el editorial Hipocampo Editores.

 

 

 

Lluvia después de mi caída

 

 

Cae lluvia mía,

tres días y tres noches,

lluvia mía.

Cae como trueno

sobre los ojos de los desgraciados.

Cae lluvia sobre las calles de París,

por estas que camino,

enlodado hasta mis codos.

Cae para que arrastres en tu piel

la miseria que todos respiramos.

Cae para sentir fresca la mañana.

Cae para que vuelvan a sonar los ríos,

para que se abran las noches,

para que yo vuelva a mirar los ojos de la gente

y mis hombros soporten sin dolor

la pena,

esta cosa que veo en cada pecho,

hoy que camino entre dudas por esta orilla.

Cae humana lluvia

para borrar mis huellas y mi nombre,

para cerrar mis ojos a la historia.

Cae lluvia mía como un recuerdo

no vivido,

como un sueño tanto tiempo ya esperado,

como tierna melodía en este viaje.

Cae lluvia mía para abrazar tu piel

cuando me mojes gota a gota.

Cae para limpiar el aire oscuro,

aquel que brilla detrás de cada puerta.

Cae como una enfurecida ola,

para limpiar mis ojos

y las sombras de mis ojos.

Aquí te espero junto a una piedra,

desde aquí te veré llegar,

como un divino laberinto,

abrazando entre las ramas

las noches que acogieron a mis ojos.

No más oreja ni ojo

en el umbral de mi caída,

ni palabras que me hieran como espadas.

Borrar quisiera las nubes de mis ojos.

Alejar quisiera la pena de los desgraciados.

Allá van como sombras sin destino.

Por allí asoman sus flacos rostros desamados

a la aurora que vuelve a despertar sus ojos.

Seres que del sol vienen huyendo.

Seres que la lluvia acoge como hijos.

Almas que florecerán en alguna parte.

Ríos que irrigarán otros amores olvidados.

Cae lluvia para incendiar mi pecho.

Cae lluvia mía,

tres noches y sus días,

para sentirte cuando duermo

agotado,

sin mirar por la ventana,

el sol que nunca llegará.

Sólo tú, lluvia mía,

conducirás los recuerdos de los desgraciados

por los más estrechos caminos

que te ofrecerá el viento miserable.

No son sólo lágrimas

lo que del cielo nos ofrece la desventura,

es también la pena,

de una voz que nadie escucha.

Pero tú,

lluvia que te posas en mis ojos como un sueño,

lluvia que fecundas la tierra sin dolor,

lluvia, sustento de todo lo que existe,

llévate esta pena como herencia de todo lo vivido.

Lluvia, alma de mis ojos en la noche.

Lluvia, peregrina del desierto,

cae como un rayo en mi camino,

cae y vuelve a caer,

para sentir el olor de la tierra,

para sentir el frescor olvidado de la hierba,

el sonido de cada paso que damos en la duda.

Cae sobre las noches que imploran en secreto,

las voces de los desgraciados,

aquellos que sueñan con un árbol,

aquellos que nunca han sido amados,

aquellos que en la mirada llevan una herida.

Húndete en la piel de cada cosa,

en cada cosa imaginada,

en cada piel meditabunda.

Pero cae sobre los bosques,

sobre los cristales de los bosques

para oírte cuando pases

y humedecer mi rostro en el camino.

Allá van distanciadas

unas de otras las voces de los desgraciados

repitiendo sus nombres en los valles

como lamentos de almas penitentes.

Cae por ellos, lluvia mía

para acompañar su silencio y su dolor

entre tanto ruido

que hace la despiadada gente.

Cae lluvia mía.

Cae como un milagro,

tres días y tres noches,

Lluvia mía.

 

 

París: 4/4/01